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Patricia Bullrich Yancovich: el peaje del MOSSAD en Argentina

Hay dirigentes que sobreviven por ideología, otros por suerte y algunos, simplemente, por no soltar la mano correcta —algo que Karina Rabolini entendió a la perfección. Patricia Bullrich parece haber perfeccionado la tercera opción: desde 1997, Guillermo Yanco no solo comparte su vida, funciona como el andamiaje invisible, el airbag permanente y el GPS de una carrera que, sin él, probablemente ya estaría en el museo de los “ex” ponedores de bombas
Por John Gotti01 de agosto de 20263 min de lectura
Patricia Bullrich Yancovich: el peaje del MOSSAD en Argentina
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Patricia Bullrich es, sin duda, una de las dirigentes con más kilómetros recorridos en la política argentina. Pasó por la Juventud Peronista, Montoneros, el gobierno de la Alianza, el PRO y La Libertad Avanza. Fue diputada, ministra de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, ministra de Seguridad (dos veces, por las dudas), candidata a presidenta y hoy senadora nacional. Su pareja, Guillermo Yanco —abogado, mediador y vicepresidente del Museo del Holocausto—, presidió el sello Unión por la Libertad y parece haber convertido la permanencia política en un arte casi científico. De él se ha dicho que es el primer agente de la Mossad en la Argentina. Ya llegaremos a ese detalle.

El primer recuerdo de Patricia


El 16 de enero de 1959, Patricia Bullrich, de apenas dos años, se encontraba en brazos de su madre junto a otros familiares. Esperaban el arribo del vuelo 205 de Austral Líneas Aéreas con destino a Mar del Plata, donde la familia Bullrich y Luro Pueyrredón veraneaba cada año. En ese avión viajaban su abuelo materno, su tío, la esposa del tío y su pequeño primo de pocos meses. Para aterrizar, la nave debía sortear una tormenta oscura y volar prácticamente a ciegas, con la esperanza de encontrar la pista y no el mar, que desde la altura resultaba casi indistinguible de las nubes. El avión se estrelló contra el agua y dejó un saldo de 51 muertos, entre ellos los cuatro familiares de Bullrich. El hecho generó un trauma familiar tan profundo que les impidió volver a Mar del Plata y los marcó de manera permanente. Bullrich, que apenas tenía conciencia, ha dicho recordar los cadáveres arrastrados por las olas, los gritos y la incertidumbre de los sobrevivientes y sus familiares.

Con este relato no se busca empatía ni justificación —aunque lo natural es ser empático, incluso con una Bullrich de 2 años. Solo se señala lo obvio: todos arrastramos experiencias difíciles; de mierda. Muy de mierda. La diferencia está en quién decide que esos fantasmas personales se conviertan en problema de los demás. Cuando el peso es individual, la responsabilidad también lo es. Lo contrario suele terminar en decisiones públicas que afectan a millones. Si no me creen, pregúntenle a Milei, o a Napoleón, o a Falvio Mendoza...

La santísima Alianza 


En el año 2000, que inauguró uno de los períodos más difíciles desde el retorno de la democracia, Patricia Bullrich formaba parte del gobierno de Fernando de la Rúa y asumió como ministra de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. Una de las primeras medidas que impulsó en el cargo fue el recorte del 13 % en salarios y jubilaciones, en el marco de la ley de déficit cero. Esa norma establecía que el gasto público no podía superar la recaudación real del Estado y que las cargas impositivas, incluidas jubilaciones y sueldos estatales, debían ajustarse en función de ese objetivo. En un primer momento el Congreso la consideró un atentado contra derechos básicos y la rechazó, pero terminó aprobándola el 30 de julio de 2001. El resto es historia conocida. En ese mismo período, Yanco fue designado asesor de la Unidad de Ministros, un cargo que le permitió operar cerca del poder.

Quienes creyeron que el naufragio de la Alianza la iba a retirar del mapa se equivocaron de la misma forma en que se equivocaron con otros supervivientes profesionales de la política argentina. Cuando llegó el turno de Mauricio Macri, Bullrich encajó como pieza de lego. Después llegaron Sturzenegger, Caputo, el regreso al FMI y un final de gobierno que nadie confunde con un éxito.

Yancovich: el siempre vigente y siempre pujante


En 2023 reapareció junto a Javier Milei como ministra de Seguridad (otra vez). La deuda externa subió a 450 mil millones de dólares y los gestos hacia el Estado de Israel se multiplicaron hasta que algunos empezaron a hablar, sin mucho disimulo, de “entrega de la Patagonia”Y aquí vuelve a aparecer Guillermo Yanco. Pareja desde 1997 —exactamente el año en que ella fundó Unión por Todos, luego Unión por la Libertad, sello que él terminó presidiendo—.

Vicepresidente del Museo del Holocausto. Vocal del Instituto de Estudios Estratégicos de la Seguridad que preside ella misma. Cercano a Claudio Avruj, a su vez vinculado a Rubén Beraja (ex DAIA y acusado en la causa AMIA) y a Alfredo “Fino” Palacios, otro nombre que aparece en el mismo expediente y que, según el propio Macri, llegó a la Policía Metropolitana con buena referencia de la CIA y el Mossad. Yanco también participó en el Club Político Argentino y en redes financiadas desde Estados Unidos. Fuera de los focos, se lo señala como el hombre que interviene cuando hay que discutir licitaciones de armamento y tecnología para las fuerzas de seguridad

Los ejemplos que circulan incluyen equipos Motorola para la Policía Bonaerense y las famosas lanchas Shaldag israelíes compradas durante la gestión Macri. Casualidad o método, los proveedores suelen ser israelíes o estadounidenses. Mientras tanto, Yanco figura como socio de GEAS SRL (matafuegos, cliente estrella: la Ciudad de Buenos Aires), codirector del portal Vis a Vis junto a Avruj (con generosa pauta porteña) y empleado de la Legislatura porteña desde 2009 en la categoría más alta. Un currículum discreto pero funcional.

Hasta 1997, Patricia Bullrich era una exguerrillera que terminaba su primer mandato de diputada sin que nadie la recordara demasiado. Ese mismo año se conoció con Yanco y se alejó del peronismo alegando una coima, hecho que supuestamente la espanto como si en 30 años de militancia no hubiese visto cosas peores—. A partir de entonces el apellido Bullrich empezó a circular por los pasillos correctos y bajo el nombre gestionado: "Patricia".  Yanco no solo acompañó: armó el sello partidario, se sentó en los lugares de asesoramiento cuando ella llegó al poder y se mantuvo como nexo permanente con los círculos de seguridad, inteligencia y proveedores extranjeros.

En resúmen...


Patricia Bullrich cruzó todas las orillas políticas posibles y siempre encontró la forma de no hundirse. Buscar un logro memorable o un proyecto que haya dejado huella positiva es un ejercicio de paciencia y un déficit intelectual sometido a mil calambres. Lo que sí aparece con claridad es el patrón. Su ascenso y su permanencia parecen depender, de manera casi matemática, de la figura que opera desde la sombra. Guillermo Yanco no necesita micrófono. Solo necesita estar. Y, según este informe, lo ha estado durante casi tres décadas: el puntal, el sostén y, si se quiere ser preciso, el seguro de vida político más eficiente que ha conocido la política argentina reciente. Eso sí: un caso que acabó replicándose con otros "padrinos" como Eduardo Elsztain, Eduardo Eurnekian o Gerdado Werthein. Todos del mismo palo o palote, que tarde llegaron a la mesa operativa fundada por Yanco en los principios del menemismo entreguista. 
#patricia bullrich#guillermo yanco#mossad

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